martes, 12 de mayo de 2026

Comprender el dolor para cuidar mejor nuestra salud

Comprender el dolor para cuidar mejor nuestra salud

Por: Dr. Pavlusha K. Luyando Joo


El dolor es una experiencia que todos hemos sentido alguna vez. Puede aparecer de forma repentina, durar pocos minutos o acompañarnos durante meses. Aunque suele ser desagradable, el dolor cumple una función importante: es una señal de alerta que nos indica que algo en el cuerpo no está funcionando correctamente. Sin embargo, no todos los dolores son iguales. Conocer sus distintos tipos ayuda a entender mejor nuestro cuerpo y saber cuándo buscar ayuda profesional.

Dolor agudo

El dolor agudo aparece de manera rápida y generalmente tiene una causa clara, como una caída, una quemadura, un golpe, una infección o una lesión muscular. Suele durar poco tiempo y desaparece cuando el problema se resuelve. Por ejemplo, el dolor de una herida o de una muela inflamada son dolores agudos. Este tipo de dolor actúa como una alarma protectora que nos obliga a detenernos y cuidar la zona afectada.

Dolor crónico

Se considera dolor crónico cuando dura más de tres meses o continúa incluso después de que la lesión inicial haya sanado. Puede afectar la espalda, las articulaciones, el cuello o producirse en enfermedades como artritis, fibromialgia o migraña. El dolor crónico no solo afecta el cuerpo, sino también el estado emocional, el sueño y la calidad de vida. Muchas personas que lo padecen pueden sentirse cansadas, irritables o deprimidas.

Dolor nociceptivo

Es el dolor más común y ocurre cuando los tejidos del cuerpo se dañan o inflaman. Puede originarse en músculos, huesos, articulaciones, piel u órganos internos. Un esguince, un golpe o el dolor de una cirugía son ejemplos de dolor nociceptivo. Generalmente mejora con reposo, tratamiento médico y medidas físicas adecuadas.

Dolor neuropático

Este tipo de dolor ocurre cuando existe daño o alteración en los nervios. Las personas suelen describirlo como ardor, electricidad, hormigueo, pinchazos o sensación de corriente. Puede aparecer en enfermedades como diabetes, herpes zóster, problemas de columna o lesiones nerviosas. El dolor neuropático puede ser intenso y difícil de tratar, por lo que requiere evaluación médica especializada.

Dolor emocional y su relación con el cuerpo

Las emociones también pueden influir en el dolor. El estrés, la ansiedad, la tristeza o la preocupación pueden aumentar la tensión muscular y hacer que el dolor se perciba con mayor intensidad. Por eso, el manejo integral del dolor incluye no solo el tratamiento físico, sino también el descanso adecuado, la actividad física moderada, la relajación y el apoyo emocional.

¿Cuándo debemos preocuparnos?

Aunque muchos dolores son temporales, algunos signos requieren atención médica inmediata: dolor intenso repentino, dificultad para respirar, pérdida de fuerza, fiebre alta, dolor en el pecho o dolores persistentes que no mejoran con el tiempo. Escuchar al cuerpo es fundamental para prevenir complicaciones.

Conclusión

El dolor no debe verse únicamente como un enemigo, sino como un mensaje del organismo. Comprender sus diferentes tipos permite actuar de manera más adecuada y buscar ayuda cuando sea necesario. Mantener hábitos saludables, controlar el estrés, dormir bien y realizar actividad física regularmente son medidas importantes para prevenir muchos problemas dolorosos y mejorar nuestra calidad de vida.