martes, 7 de julio de 2026

¿QUE ES LA HERNIA DISCAL?

QUE ES LA HERNIA DISCAL

Por: Dr. Pavlusha K. Luyando Joo

La hernia discal es una de las causas más frecuentes de dolor de espalda y de dolor irradiado hacia las extremidades. Se produce cuando parte del núcleo gelatinoso del disco intervertebral atraviesa una fisura del anillo fibroso y entra en contacto con una raíz nerviosa, produciendo inflamación y, en algunos casos, compresión del nervio.

 

¿CÓMO SE PRODUCE EL DOLOR POR HERNIA DISCAL?

El dolor de la hernia discal tiene dos componentes principales:

1.    Compresión mecánica del nervio: el disco desplazado comprime la raíz nerviosa.

2.    Inflamación química: el material del disco libera sustancias inflamatorias que sensibilizan el nervio, incluso cuando la compresión es pequeña.

Por ello, una hernia pequeña puede causar mucho dolor y una hernia grande puede ocasionar pocos síntomas.

Las hernias discales se clasifican según su ubicación en Cervicales, dorsales y Lumbares

¿CUÁL DE LAS HERNIAS ES LA MÁS FRECUENTE?

La más frecuente es la Hernia Lumbar

¿CUÁLES SON LOS SÍNTOMAS DE LA HERNIA DISCAL LUMBAR?

Los síntomas pueden incluir:

  • Dolor lumbar.
  • Dolor que se irradia hacia el glúteo y la pierna (ciática).
  • Hormigueo o adormecimiento.
  • Sensación de corriente eléctrica por la nalga y pierna
  • Debilidad muscular.
  • Empeoramiento al toser, estornudar o hacer esfuerzos.
  • Dolor al permanecer sentado por mucho tiempo.

 

¿CUÁLES SON LOS FACTORES QUE AUMENTAN EL DOLOR?

Los factores que aumentan el dolor son: el levantar peso, permanecer sentado mucho tiempo, flexionar la espalda, movimientos bruscos, tos y estornudos, sobrepeso, sedentarismo.

¿CÓMO SE DIAGNOSTICAN LAS HERNIAS DISCALES?

Para diagnosticar hernias discales es necesario: la historia de la enfermedad examen médico, resonancia magnética o a veces tomografía. Muy importante para el diagnostico es correlacionar los hallazgos de imagen con los síntomas y el examen físico..

TRATAMIENTOS CONSERVADORES  

Se utiliza la fisioterapia, medicina complementaria

Existe evidencia de beneficio en determinados pacientes para:

  • Acupuntura, especialmente en dolor lumbar crónico.
  • Terapia manual realizada por profesionales capacitados y cuando no existan contraindicaciones.
  • Ejercicio terapéutico supervisados.

Estas terapias deben formar parte de un tratamiento integral con medicamentos

TRATAMIENTOS INTERVENCIONISTAS

Cuando el dolor persiste pueden considerarse:


  • Infiltraciones con Ozono
  • Bloqueos radiculares
  • Infiltraciones epidurales con corticosteroides.
  • Radiofrecuencia en casos seleccionados.
  • Otras técnicas intervencionistas según la evaluación médica.

¿CUÁNDO ES NECESARIA LA CIRUGÍA?

La cirugía suele reservarse para pacientes con: dolor intenso que no mejora tras un tratamiento conservador adecuado, debilidad muscular progresiva, déficits neurológicos importantes, compresión severa de la raíz nerviosa, síndrome de cauda equina, una urgencia médica caracterizada por pérdida del control de esfínteres urinario o fecal, anestesia en la región perineal ("anestesia en silla de montar") y debilidad marcada en ambas piernas.

PRONÓSTICO

El pronóstico suele ser favorable:

  • Aproximadamente el 80–90 % de los pacientes mejora con tratamiento conservador.
  • Muchas hernias disminuyen de tamaño espontáneamente con el tiempo gracias a procesos naturales de reabsorción.
  • Mantener un programa de ejercicios y hábitos saludables reduce el riesgo de recurrencias.


MEDIDAS DE PREVENCIÓN

Mantener un peso saludable.

Fortalecer la musculatura abdominal y lumbar.

Evitar el tabaquismo.

Aprender técnicas correctas para levantar objetos.

Cambiar de postura con frecuencia si trabaja sentado.

Realizar actividad física de forma regular.

martes, 30 de junio de 2026

DIFERENCIAS ENTRE EL ESTRÉS NORMAL Y EL TRASTORNO DE ANSIEDAD

DIFERENCIAS ENTRE EL ESTRÉS NORMAL Y EL TRASTORNO DE ANSIEDAD

Por: Dr. Pavlusha K. Luyando Joo



Todos experimentamos estrés en algún momento de la vida. Un examen, una entrevista de trabajo, una enfermedad en la familia o problemas económicos pueden generar preocupación y tensión. En la mayoría de los casos, estas reacciones son normales y forman parte de los mecanismos naturales del organismo para afrontar los desafíos.

Sin embargo, cuando la preocupación se vuelve excesiva, persistente y comienza a afectar la vida diaria, es posible que ya no se trate de un estrés normal, sino de un trastorno de ansiedad que requiere evaluación y tratamiento médico.

¿QUÉ ES EL ESTRÉS?

El estrés es la respuesta natural del cuerpo frente a una situación que considera desafiante o amenazante. Cuando esto ocurre, el cerebro libera hormonas como la adrenalina y el cortisol, que preparan al organismo para reaccionar rápidamente.

Durante un episodio de estrés es normal presentar:

-       Aumento de la frecuencia cardíaca.

-       Respiración más rápida.

-       Tensión muscular.

-       Sudoración.

-       Mayor estado de alerta.

-       Dificultad temporal para relajarse.

Estas reacciones suelen desaparecer cuando el problema se resuelve o cuando la persona logra adaptarse a la situación. Por ejemplo, sentir nervios antes de una cirugía, una exposición en público o una entrevista laboral es una respuesta completamente normal.

¿QUÉ ES UN TRASTORNO DE ANSIEDAD?

El trastorno de ansiedad es una enfermedad en la que el sistema de alarma del organismo permanece activado incluso cuando no existe un peligro real o cuando la situación no justifica una respuesta tan intensa.

La persona vive con una preocupación constante que resulta difícil de controlar y que puede persistir durante meses. Esta ansiedad afecta el trabajo, los estudios, las relaciones familiares y la calidad de vida.

La ansiedad deja de ser una emoción normal cuando produce un sufrimiento importante o limita las actividades habituales.


¿CUÁLES SON LAS PRINCIPALES DIFERENCIAS ENTRE ESTRÉS Y ANSIEDAD?

Aunque ambos pueden parecer similares, existen diferencias importantes.

 

SÍNTOMAS FRECUENTES DEL TRASTORNO DE ANSIEDAD

Cada persona puede presentar síntomas diferentes. Los más comunes incluyen:

-       Preocupación constante.

-       Sensación de que "algo malo va a ocurrir".

-       Dificultad para concentrarse.

-       Irritabilidad.

-       Insomnio o sueño poco reparador.

-       Cansancio permanente.

-       Tensión muscular.

-       Dolores de cabeza frecuentes.

-       Palpitaciones.

-       Sensación de falta de aire.

-       Sudoración excesiva.

-       Mareos., molestias digestivas como dolor abdominal, diarrea o náuseas.

Muchas personas creen que padecen una enfermedad cardíaca, pulmonar o digestiva cuando en realidad estos síntomas son consecuencia de un trastorno de ansiedad.

¿QUIÉNES TIENEN MAYOR RIESGO?

El trastorno de ansiedad puede afectar a cualquier persona, aunque es más frecuente en quienes presentan antecedentes familiares de ansiedad, estrés prolongado, enfermedades crónicas, experiencias traumáticas, problemas económicos o laborales persistentes, consumo excesivo de cafeína, alcohol o algunas drogas.

¿CUÁNDO ES NECESARIO CONSULTAR AL MÉDICO?

Se recomienda buscar atención médica cuando la preocupación es excesiva la mayor parte de los días, los síntomas duran varias semanas o meses, existe dificultad para trabajar o estudiar, se evita salir de casa o realizar actividades habituales aparecen ataques de pánico, el sueño está muy alterado se presentan síntomas físicos repetitivos sin una causa médica clara.

Una evaluación médica permite descartar enfermedades físicas que puedan producir síntomas similares, como alteraciones de la tiroides, problemas cardíacos o algunas enfermedades neurológicas.

¿TIENE TRATAMIENTO?

Sí. Los trastornos de ansiedad tienen tratamiento y la mayoría de las personas mejora significativamente.

El tratamiento incluye

-       Información sobre la enfermedad.

-       Aprendizaje de Técnicas de relajación y respiración.

-       Realizar actividad física regular.

-       Mejorar los hábitos de sueño.

-       Psicoterapia.

-       Medicamentos cuando el médico lo considere necesario.

En algunos pacientes también pueden emplearse terapias complementarias, como la acupuntura, el entrenamiento en relajación, terapias manuales, siempre como parte de un plan integral indicado por el médico.


¿Y QUÉ SE PUEDE HACER PARA DISMINUIR EL ESTRÉS DIARIO?

Algunas medidas sencillas ayudan a proteger la salud mental:

-       Dormir entre 7 y 8 horas por noche.

-       Mantener horarios regulares de descanso.

-       Realizar ejercicio físico al menos 150 minutos por semana.

-       Limitar el consumo de café y bebidas energizantes.

-       Evitar el consumo excesivo de alcohol.

-       Alimentarse de forma saludable.

-       Reservar tiempo para actividades recreativas.

-       Conversar con familiares o amigos de confianza.

-       Practicar ejercicios de respiración o relajación.

 

UN MENSAJE FINAL

Sentir estrés ocasional es parte de la vida y, en muchas ocasiones, incluso nos ayuda a enfrentar los desafíos cotidianos. En cambio, cuando la preocupación se vuelve constante, intensa y comienza a afectar el trabajo, la familia, el sueño o la salud, es importante buscar ayuda profesional.

La ansiedad es una enfermedad frecuente, tratable y con buen pronóstico cuando se diagnostica a tiempo. Consultar al médico no significa debilidad; significa dar el primer paso para recuperar el bienestar y mejorar la calidad de vida.

 

sábado, 23 de mayo de 2026

El Insomnio: Cuando dormir se convierte en un problema

El Insomnio: Cuando dormir se convierte 

en un problema

Por: Dr. Pavlusha k. Luyando Joo

El sueño es una necesidad fundamental para la salud física y mental. Dormir bien ayuda al cuerpo a los procesos de reparación del organismo, fortalece el sistema inmunológico, mejora la memoria y favorece el equilibrio emocional. Sin embargo, millones de personas en el mundo sufren de insomnio, uno de los trastornos del sueño más frecuentes en la actualidad.

El insomnio se define como la dificultad para conciliar el sueño, permanecer dormido o despertarse demasiado temprano sin poder volver a dormir. Además, la persona siente cansancio, malhumor o malestar durante el día a pesar de haber tenido la oportunidad de descansar

¿Por qué ocurre el insomnio?

Las causas del insomnio son variadas y, muchas veces, se combinan entre sí. Una de las principales causas es el estrés. Las preocupaciones económicas, laborales, familiares o emocionales como el duelo, pueden mantener al cerebro en estado de alerta, dificultando el descanso. La Organización Mundial de la Salud señala que el estrés crónico puede provocar dificultades para dormir y empeorar otros problemas de salud. 

También existen otros factores importantes que vale la pena mencionar:

  • Ansiedad y depresión.
  • Uso excesivo del celular o televisión antes de dormir.
  • Consumo de cafeína, alcohol o tabaco.
  • Horarios irregulares de sueño.
  • Dolor crónico o enfermedades médicas.
  • Reflujo gastroesofágico.
  • Problemas respiratorios como apnea del sueño.
  • Uso de ciertos medicamentos. 
  • En muchas personas, el insomnio comienza de forma temporal, pero si dura más de tres meses puede convertirse en un problema crónico.

Síntomas más comunes

Las personas con insomnio suelen presentar:

Dificultad para quedarse dormidas, despertares frecuentes durante la noche, sensación de sueño poco reparador, despertar muy temprano, somnolencia y cansancio durante el día, irritabilidad y cambios de humor, problemas de concentración y memoria. 

Algunas personas también experimentan ansiedad al momento de acostarse, creando un círculo vicioso: cuanto más miedo tienen de no dormir, más difícil resulta descansar.

Consecuencias del mal dormir

Dormir mal no solo produce cansancio. El insomnio puede afectar seriamente la calidad de vida y aumentar el riesgo de enfermedades.

Diversos estudios relacionan el insomnio con:

Hipertensión arterial, enfermedades cardiovasculares, diabetes, depresión y ansiedad bajo rendimiento laboral o académico, accidentes de tránsito y laborales debido al cansancio.  Además, la falta de sueño disminuye la capacidad del cuerpo para recuperarse física y emocionalmente.

¿Cómo mejorar el sueño?

Muchos casos de insomnio pueden mejorar mediante cambios en los hábitos diarios. Estas recomendaciones forman parte de la llamada “higiene del sueño”:

1. Mantenga horarios regulares

Acostarse y levantarse a la misma hora ayuda al cuerpo a regular el reloj biológico.

2. Evite pantallas antes de dormir

La luz azul de celulares, computadoras y televisores altera la producción de melatonina, hormona necesaria para dormir.

3. Reducir cafeína y alcohol

Especialmente durante la tarde y noche.

4. Crear un ambiente adecuado

La habitación debe ser tranquila, oscura y silenciosa.

5. Evitar cenas pesadas

Comer demasiado tarde puede causar malestar o reflujo que interrumpa el sueño.

6. Realizar actividad física

El ejercicio regular favorece el descanso, aunque no se recomienda hacerlo justo antes de dormir. 

¿Cuándo acudir al médico?

Es recomendable buscar ayuda profesional cuando: el insomnio dura varias semanas, o existe cansancio intenso durante el día, aparecen síntomas de ansiedad o depresión, el problema afecta el trabajo, los estudios o la vida familiar.

El tratamiento puede incluir terapia psicológica, manejo del estrés y, en algunos casos, medicamentos indicados por un profesional de salud. También existen terapias complementarias como técnicas de relajación, acupuntura, toma de algunas plantas medicinales relajantes. Algunas personas realizan caminatas al aire libre antes de dormir o duchas tibias para inducir al sueño.

Conclusiónes

El insomnio se trata de un problema de salud que afecta el cuerpo, la mente y la calidad de vida. En una sociedad cada vez más acelerada y estresante, aprender a cuidar el sueño se ha convertido en una necesidad fundamental.

Dormir bien es parte esencial de una vida saludable.


martes, 12 de mayo de 2026

Comprender el dolor para cuidar mejor nuestra salud

Comprender el dolor para cuidar mejor nuestra salud

Por: Dr. Pavlusha K. Luyando Joo


El dolor es una experiencia que todos hemos sentido alguna vez. Puede aparecer de forma repentina, durar pocos minutos o acompañarnos durante meses. Aunque suele ser desagradable, el dolor cumple una función importante: es una señal de alerta que nos indica que algo en el cuerpo no está funcionando correctamente. Sin embargo, no todos los dolores son iguales. Conocer sus distintos tipos ayuda a entender mejor nuestro cuerpo y saber cuándo buscar ayuda profesional.

Dolor agudo

El dolor agudo aparece de manera rápida y generalmente tiene una causa clara, como una caída, una quemadura, un golpe, una infección o una lesión muscular. Suele durar poco tiempo y desaparece cuando el problema se resuelve. Por ejemplo, el dolor de una herida o de una muela inflamada son dolores agudos. Este tipo de dolor actúa como una alarma protectora que nos obliga a detenernos y cuidar la zona afectada.

Dolor crónico

Se considera dolor crónico cuando dura más de tres meses o continúa incluso después de que la lesión inicial haya sanado. Puede afectar la espalda, las articulaciones, el cuello o producirse en enfermedades como artritis, fibromialgia o migraña. El dolor crónico no solo afecta el cuerpo, sino también el estado emocional, el sueño y la calidad de vida. Muchas personas que lo padecen pueden sentirse cansadas, irritables o deprimidas.

Dolor nociceptivo

Es el dolor más común y ocurre cuando los tejidos del cuerpo se dañan o inflaman. Puede originarse en músculos, huesos, articulaciones, piel u órganos internos. Un esguince, un golpe o el dolor de una cirugía son ejemplos de dolor nociceptivo. Generalmente mejora con reposo, tratamiento médico y medidas físicas adecuadas.

Dolor neuropático

Este tipo de dolor ocurre cuando existe daño o alteración en los nervios. Las personas suelen describirlo como ardor, electricidad, hormigueo, pinchazos o sensación de corriente. Puede aparecer en enfermedades como diabetes, herpes zóster, problemas de columna o lesiones nerviosas. El dolor neuropático puede ser intenso y difícil de tratar, por lo que requiere evaluación médica especializada.

Dolor emocional y su relación con el cuerpo

Las emociones también pueden influir en el dolor. El estrés, la ansiedad, la tristeza o la preocupación pueden aumentar la tensión muscular y hacer que el dolor se perciba con mayor intensidad. Por eso, el manejo integral del dolor incluye no solo el tratamiento físico, sino también el descanso adecuado, la actividad física moderada, la relajación y el apoyo emocional.

¿Cuándo debemos preocuparnos?

Aunque muchos dolores son temporales, algunos signos requieren atención médica inmediata: dolor intenso repentino, dificultad para respirar, pérdida de fuerza, fiebre alta, dolor en el pecho o dolores persistentes que no mejoran con el tiempo. Escuchar al cuerpo es fundamental para prevenir complicaciones.

Conclusión

El dolor no debe verse únicamente como un enemigo, sino como un mensaje del organismo. Comprender sus diferentes tipos permite actuar de manera más adecuada y buscar ayuda cuando sea necesario. Mantener hábitos saludables, controlar el estrés, dormir bien y realizar actividad física regularmente son medidas importantes para prevenir muchos problemas dolorosos y mejorar nuestra calidad de vida.



jueves, 7 de mayo de 2026

¿Qué es la depresión?

 ¿Qué es la depresión?

Por: Dr. Pavlusha K. Luyando Joo

Todos podemos sentir tristeza, desánimo o preocupación en algunos momentos de la vida. Sin embargo, cuando estos sentimientos duran semanas o meses y comienzan a interferir con el trabajo, los estudios, la familia o las actividades cotidianas, podría tratarse de un cuadro de depresión.

La depresión puede provocar una sensación constante de vacío, desesperanza o pérdida de interés por actividades que antes resultaban agradables. Algunas personas sienten cansancio extremo, irritabilidad o dificultad para concentrarse.

Síntomas frecuentes

Los síntomas pueden variar de una persona a otra, pero los más comunes incluyen:

  • Tristeza persistente o sensación de vacío.
  • Pérdida de interés o placer en actividades habituales.
  • Cansancio o falta de energía.
  • Alteraciones del sueño: insomnio o dormir demasiado.
  • Cambios en el apetito o el peso.
  • Dificultad para concentrarse o tomar decisiones.
  • Sentimientos de culpa, inutilidad o desesperanza.
  • Irritabilidad o ansiedad.
  • Dolores físicos sin causa clara, como cefaleas o tensión muscular (fibromialgias)
  • Pensamientos de muerte o suicidio.

No todas las personas presentan los mismos síntomas ni con la misma intensidad.

¿Por qué aparece la depresión?

La depresión suele tener múltiples causas. Puede relacionarse con factores biológicos (predisposición), psicológicos y sociales. Algunas situaciones que pueden favorecer su aparición son:

  • Estrés prolongado.
  • Problemas familiares o laborales
  • Pérdidas afectivas.
  • Enfermedades crónicas.
  • Problemas económicos.
  • Aislamiento social.
  • Experiencias traumáticas.
  • Antecedentes familiares de depresión.

También existen cambios químicos en el cerebro relacionados con esta enfermedad.

La depresión no es debilidad

Muchas personas sienten vergüenza de pedir ayuda porque creen que deberían “ser más fuertes”. Sin embargo, la depresión no es una señal de debilidad personal. Así como una persona puede padecer hipertensión o diabetes, también puede desarrollar depresión.

Buscar apoyo profesional es un acto de responsabilidad y cuidado personal.

Tratamiento de la depresión

El tratamiento depende de cada caso y debe ser individualizado. Las opciones más frecuentes incluyen:

Psicoterapia

La terapia psicológica ayuda a comprender emociones, cambiar pensamientos negativos y desarrollar herramientas para afrontar las dificultades.

Medicamentos

En algunos pacientes, los antidepresivos pueden ser útiles. Estos medicamentos deben ser indicados y supervisados por un profesional de salud.

Cambios en el estilo de vida

Algunas medidas pueden contribuir a la recuperación:

  • Mantener horarios regulares de sueño.
  • Realizar actividad física (deporte)
  • Llevar una alimentación equilibrada.
  • Evitar alcohol y drogas.
  • Compartir tiempo con familiares o amigos.
  • Practicar técnicas de relajación y manejo del estrés.
  • Distraer la mente.

El apoyo de la familia

La familia cumple un papel importante en la recuperación. Escuchar sin juzgar, acompañar y brindar apoyo emocional puede ayudar mucho al paciente. Frases como “anímate” o “todo está en tu cabeza” pueden hacer que la persona se sienta incomprendida.

Lo más importante es mostrar comprensión y fomentar la búsqueda de ayuda profesional.

¿Cuándo buscar ayuda urgente?

Es importante acudir rápidamente a un profesional si la persona:

  • Tiene pensamientos suicidas.
  • Habla de no querer vivir.
  • Presenta aislamiento extremo.
  • Deja de comer o de cuidar su higiene.
  • Consume alcohol o drogas en exceso.
  • Tiene conductas peligrosas.

En estas situaciones, no debe dejarse sola a la persona y se debe buscar atención médica inmediata.

Un mensaje de esperanza

La depresión puede hacer que la persona sienta que nunca mejorará, pero esto no es cierto. Con apoyo, tratamiento y acompañamiento adecuado, muchas personas logran recuperarse y volver a encontrar bienestar y sentido en sus vidas.

Pedir ayuda es el primer paso hacia la recuperación.